Un Atlas Histórico es la herramienta necesaria para forjar en la población una visión espacial y territorial de los procesos históricos, políticos, económicos, sociales y culturales ocurridos en el país a lo largo de su historia. Es indispensable para la enseñanza de la historia nacional en todos lo niveles del sistema educativo. Es imprescindible para las familias interesadas en la buena formación de sus miembros y en la educación de los niños. En un sentido más amplio, el atlas histórico es una guía para perseguir la formación de las identidades locales, regionales y nacionales, o para descubrir la desarticulación, el aislamiento, los desequilibrios o la inequidad. En suma, un atlas es un retrato aproximado de un país. Es esta la aspiración del libro que tiene en sus manos el lector.
El mapa del territorio es la base sobre la que se construye el atlas geográfico o histórico, y a su vez, este último es el instrumento que hace perceptible la idea abstracta de territorio, la dimensión del Estado o la imagen de la nación. La construcción de mapas del territorio que hoy llamamos México se remota a la fundación de los primeros reinos en Mesoamérica, una tradición que se continuó en la época colonial, mezclada con la cartografía de ascendencia europea. La fundación de la República en 1824 impulsó la aparición de los primeros mapas que identificaron los contornos geográficos de la nueva entidad con la diversidad de pobladores asentados en su territorio. Poco más tarde, la fundación de la Sociedad Mexicana de Geografía Estadística en 1833 inició los estudios rigurosos sobre la geografía e impulsó la elaboración de mapas modernos, basados en los adelantos cartográficos internacionales.
Apoyado en esa centenaria acumulación de levantamientos geográficos y mapas locales, regionales y nacionales, Antonio García Cubas publicó en 1858 el primer atlas histórico de la República Mexicana, una hazaña que puso las bases para la posterior elaboración de obras de este género. Sin embargo, en los siglos XIX y XX la concentración de los geógrafos y de las instituciones militares, civiles y académicas en el perfeccionamiento y actualización de los mapas geográficos, orográficos y políticos, rara vez fue acompañada por la elaboración de atlas históricos de la misma calidad. Así, a finales del siglo XX y principios del actual, se advertía, frente al notable desarrollo de obras cartográficas, la ausencia de atlas históricos basados en esos conocimientos, y la carencia aun más sensible de atlas didácticos destinados a la enseñanza y al público amplio.
Con el fin de llenar este último vacío, en 1983 publiqué, junto con Alejandra Moreno Toscano, Armando Cisneros, Carlos Aguirre y Yolanda Terán, un Atlas histórico de México que fue reeditado varias veces hasta que finalmente cumplí su ciclo de vida y se volvió obsoleto. Hace cinco años emprendí la tarea de revisar ese proyecto con la mirar de elaborar un nuevo altas que incorporara los datos históricos y estadísticos recientes sobre el conjunto del país y los presentara con los mejores instrumentos cartográficos y visuales.
Para hacer efectivo este ambicioso proyecto recibí apoyos y colaboraciones sin los cuales hubiera sido imposible su realización. El doctor Juan Ramón de la Fuente, a la sazón rector de la Universidad Autónoma de México, otorgó el apoyo de esa institución a través de la Coordinación de Humanidades, para llevar a cabo la captura de datos e integrarlos en un sistema digital. El Centro de Investigación en Geografía y Geometría “Ing. Jorge L. Tamayo”, A.C., tuvo a su cargo esa tarea bajo la coordinación de su directora, la doctora Carmen Reyes Guerrero y la asistencia de Yosu Rodríguez.
Más tarde, en una charla con los directores del Grupo Santillana vino a cuento la falta de atlas históricos de México y la posibilidad de publicar la obra en la que estaba trabajando. Aguilar, el prestigiado sello editorial de esa empresa, fue el escogido para trasladar los textos y mapas a un libro equipado con los avances cartográficos recientes y enriquecidos con fotografías y láminas atractivas y didácticas. Sin embargo, al confrontarse las características del trabajo realizado con las normas de publicación de Aguilar, advertimos la conveniencia de hacer cambios sustantivos para que el producto final estuviera a la altura de los mejores en su género. Con ese propósito se elaboró un nuevo guión, se actualizó la información, se incorporaron nuevos temas, pequeños retratos biográficos, líneas de tiempo, recuadros con información sobre la vida cotidiana, gráficos y tablas. Finalmente, se redefinió todo el proyecto cartográfico.
El presente libro es la concreción de ese nuevo esfuerzo colectivo. El Atlas histórico de México incorpora una colección de mapas diseñados con los métodos de la cartografía más avanzada, obra del equipo técnico de Santillana. Esta rica colección de mapas registra los principales cambios experimentados en el territorio mexicanos a lo largo de varios siglos, y culmina con una concentración de mapas, gráficos y tablas del México contemporáneo. Estos últimos dan cuenta de los rubros geográficos e hidrológicos y de las zonas del territorio nacional expuestas a diferentes amenazas, de la demografía y densidad urbana, las migraciones internas y externas, la agricultura, la ganadería, la pesca, la minería, la energía eléctrica, el petróleo, la red de comunicaciones, el comercio exterior y la geografía política de nuestros días.


