La bandera mexicana se distingue de otros emblemas porque en su factura confluyen tres distintas tradiciones: la indígena, la herencia religiosa colonial y la tradición liberal. El origen de ese emblema, la imagen del águila parada en un nopal y devorando a la serpiente, que según la tradición señaló el lugar donde el pueblo mexica debía asentarse, es un mirador privilegiado para rastrear los ires y venires de ese símbolo a través de la historia. Este antiguo emblema indígena se convirtió más tarde en una seña de identidad para una nueva sociedad mestiza, y en ese proceso se unió con otros símbolos religiosos y políticos. Este libro presenta una nueva interpretación de los símbolos nacionales y una explicación de los procesos históricos que confluyeron en la creación de la nueva identidad mestiza que hoy nos distingue. Se trata del primer estudio que analiza el simbolismo de las imágenes y el contenido de los textos que fraguaron el escudo nacional.

(Primera edición: Fondo de Cultura Económica, 1998; subsecuentemente reimpresa. Segunda edición: Taurus, 2000; subsecuentemente reimpresa,)

lahistoriaelhistoriadorEnrique Florescano realiza en este libro un recorrido por los sótanos del oficio del historiador, repasa la trayectoria de la narración histórica –desde que era memoria del poder hasta que se convirtió en instrumento de análisis crítico de toda la experiencia humana– e intenta responder a las recurrentes preguntas de:

¿para qué se escribe la historia?,

¿cómo nace una narración histórica?,

¿qué caracteriza a la inquisición histórica de las otras formas de investigación?

(Primera edición: Fondo de Cultura Económica, 1997; subsecuentemente reimpresa.)

Este libro se propone explicar la historia de las conflictivas relaciones que se establecieron entre los distintos grupos étnicos asentados en el territorio mexicano, así como el Estado y los proyectos de nación que formularon las elites políticas en la época colonial y en el siglo XIX, cuando nace el proyecto de Estado-nación. Enrique Florescano revisa los variados procesos que intervinieron en la formación de las identidades colectivas y muestra que, en lugar de una identidad mexicana, en el proceso histórico nacieron y se confrontaron diversas identidades, en conflicto constante unas con otras.

En contraste con las tesis esencialistas, que conciben a las identidades como condensaciones inmutables, este libro muestra que los mexicanos han asumido diversas identidades en el transcurso de su desenvolvimiento histórico. Uno de los objetivos de Etnia, Estado y nación es ubicar esos fenómenos en su dimensión histórica, dar cuenta de sus orígenes y descifrar los mitos que enturbian su comprensión. La última parte del libro analiza el nacionalismo intolerante que surgió a fines del siglo XIX: un nacionalismo que en lugar de aceptar la nación plural realmente existente, demandó que los grupos indígenas, los pueblos y las regiones se ajustaran al arquetipo centralista sustentado por el gobierno federal. Esta política intolerante, en lugar de trabajar en favor de la descalza unidad nacional, escindió más a la nación.

(Primera edición: Aguilar, 1997; subsecuentemente reimpresa. Segunda edición: Taurus, 2001; subsecuentemente reimpresa.)