La bandera mexicana se distingue de otros emblemas porque en su factura confluyen tres distintas tradiciones: la indígena, la herencia religiosa colonial y la tradición liberal. El origen de ese emblema, la imagen del águila parada en un nopal y devorando a la serpiente, que según la tradición señaló el lugar donde el pueblo mexica debía asentarse, es un mirador privilegiado para rastrear los ires y venires de ese símbolo a través de la historia. Este antiguo emblema indígena se convirtió más tarde en una seña de identidad para una nueva sociedad mestiza, y en ese proceso se unió con otros símbolos religiosos y políticos. Este libro presenta una nueva interpretación de los símbolos nacionales y una explicación de los procesos históricos que confluyeron en la creación de la nueva identidad mestiza que hoy nos distingue. Se trata del primer estudio que analiza el simbolismo de las imágenes y el contenido de los textos que fraguaron el escudo nacional.
(Primera edición: Fondo de Cultura Económica, 1998; subsecuentemente reimpresa. Segunda edición: Taurus, 2000; subsecuentemente reimpresa,)



Enrique Florescano realiza en este libro un recorrido por los sótanos del oficio del historiador, repasa la trayectoria de la narración histórica –desde que era memoria del poder hasta que se convirtió en instrumento de análisis crítico de toda la experiencia humana– e intenta responder a las recurrentes preguntas de: