<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Enrique Florescano - Historiador Mexicano &#187; Reseñas</title>
	<atom:link href="http://www.enriqueflorescano.com/category/resenas/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.enriqueflorescano.com</link>
	<description>Historiador Mexicano</description>
	<lastBuildDate>Wed, 14 Dec 2011 18:00:16 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.1</generator>
		<item>
		<title>Los orígenes del poder en Mesoamérica, Jesús Silva-Herzog</title>
		<link>http://www.enriqueflorescano.com/los-origenes-del-poder-en-mesoamerica-jesus-silva-herzog/</link>
		<comments>http://www.enriqueflorescano.com/los-origenes-del-poder-en-mesoamerica-jesus-silva-herzog/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 19:33:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tiendaenrenta.com.mx/proyectos/florescano/?p=346</guid>
		<description><![CDATA[Los orígenes del poder en Mesoamérica Jesús Silva-Herzog Márquez Entre los libros que se acomodan en las estanterías de novedades, se levanta una estela imponente: el nuevo libro de Enrique Florescano. La obra se publica en una edición magnífica que apenas deja cargarse. Por ambición, más que por volumen, es una obra descomunal, una investigación que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Los orígenes del poder en Mesoamérica<br />
</em>Jesús Silva-Herzog Márquez</p>
<p>Entre los libros que se acomodan en las estanterías de novedades, se levanta una estela imponente: el <a href="http://www.fondodeculturaeconomica.com/ED_Detalle.asp?ctit=017504E">nuevo libro</a> de Enrique Florescano. La obra se publica en una edición magnífica que apenas deja cargarse. Por ambición, más que por volumen, es una obra descomunal, una investigación que corre en sentido contrario a las menudencias de la historia académica y la banalidad de cierta historia de divulgación. Un trabajo propio de varias instituciones, emprendido durante años por un solo hombre. No es que se trate de la obra de un genio solitario, sino la extraordinaria integración de saberes que ha logrado un atentísimo historiador a través del tiempo.</p>
<p>“De tarde en tarde, en lo infinito del tiempo y en medio de la enorme indiferencia del mundo, algunos hombres reunidos en sociedad dan origen a algo que los sobrepasa: a una civilización. Son los creadores de culturas. Y los indios de Anáhuac, al pie de sus volcanes, a orillas de sus lagunas, pueden ser contados entre esos hombres.” Estas líneas de Jacques Soustelle cierran el voluminoso trabajo de Enrique Florescano. De alguna manera, marcan el tono de la obra: Mesoamérica, más allá de su evidente diversidad, aparece como una unidad cultural. Los orígenes del poder en Mesoamérica, es una historia del arte político mesoamericano. Un arte que por supuesto, desborda lo que entendemos por arte y una política que trasciende igualmente los linderos modernos de lo político.</p>
<p><span id="more-346"></span></p>
<p>Esta exploración del arte político en Mesoamérica coloca la idea del poder en el centro. Está en el núcleo del título y en la médula de cada párrafo. Pero, ¿de qué poder habla el historiador? No se trata, por supuesto, del poder hecho tecnología en la modernidad occidental. Se trata del poder profundo, el poder que inyecta sentido al mundo; el poder que genera, para los hombres, cosmos. Las transformaciones históricas que con tanto cuidado examina Florescano en su trabajo no pertenecen a ese reino autónomo de lo gubernativo que en Occidente despunta en el Renacimiento. No acentúan en exclusiva la jerarquía imperativa del Estado y de su cabeza, el príncipe. Lo político es retratado en este extenso mural como un misterioso y complejo sentido de orden que va mucho más allá del decreto y la ley. Implica fuerza, violencia y sometimiento. Pero no sólo eso. Sea porque en algún tiempo encarnó en la noción de virtud cívica o principesca; sea porque fue procesada después como fuerza mecánica, la política ha quedado reducida al imperio de unos sobre otros. El relato de Florescano tiene el enorme valor de recordarnos el tamaño de esa estrechez moderna: el poder no es solamente sumisión: es, antes que eso, el sitio de la coexistencia.</p>
<p>El viaje que Florescano hace por los siglos anteriores a la llegada de los españoles, representa, ante todo, el esfuerzo por descifrar el contenido simbólico de la política. En la estructura urbana de las ciudades mesoamericanas, en sus estelas y murales, en figuras y tumbas abundan narraciones, alegorías, recuerdos, leyendas y metáforas que interpretan el mundo y que, sobre todo, los vuelven un compuesto coherente, integrado, armónico. Plantas y planetas; volcanes y guerras; gobiernos, hombres y bestias hilados en el mito. La actividad simbólica, ha dicho Michael Walzer, le permite a la política lograr su objetivo central: unificar; hacer, de lo diverso, uno. Los símbolos del poder en Mesoamérica, no son decorado de los palacios: son marcos del pensar y, por ello, contornos de la acción colectiva. Los símbolos rodean las ideas y definen lo inconcebible. Así, el Estado mesoamericano, una hazaña de la centralización, la potencia fiscal, la organización económica, la demarcación territorial, la organicidad demográfica es también una joya de la arquitectura simbólica.</p>
<p><a href="http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/el_blog_de_jess_silva_her/historia/">http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/el_blog_de_jess_silva_her/historia/</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.enriqueflorescano.com/los-origenes-del-poder-en-mesoamerica-jesus-silva-herzog/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Atlas histórico de México, Lorenzo Meyer</title>
		<link>http://www.enriqueflorescano.com/una-historia-de-nuestra-historia-lorenzo-meyer/</link>
		<comments>http://www.enriqueflorescano.com/una-historia-de-nuestra-historia-lorenzo-meyer/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Jan 2009 19:21:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tiendaenrenta.com.mx/proyectos/florescano/?p=333</guid>
		<description><![CDATA[Una historia de nuestra historia Lorenzo Meyer 29 Ene. 2009 Sin una “gran narrativa” no es posible que el ciudadano tenga idea de su nación. Aquí hay un ejemplo de esa narrativa en pocas páginas. Registrar el pasado Hace más de siglo y medio el historiador escocés Thomas Carlyle, apoyándose en Montesquieu, declaró: &#8220;¡Feliz el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una historia de nuestra historia<br />
Lorenzo Meyer<br />
29 Ene. 2009</p>
<p>Sin una “gran narrativa” no es posible que el ciudadano tenga idea de su nación. Aquí hay un ejemplo de esa narrativa en pocas páginas.</p>
<p>Registrar el pasado</p>
<p>Hace más de siglo y medio el historiador escocés Thomas Carlyle, apoyándose en Montesquieu, declaró: &#8220;¡Feliz el pueblo cuyos anales son un espacio en blanco en los libros de historia!&#8221;. Si realmente esa falta de memoria histórica fuera un indicador de felicidad colectiva, tendríamos que concluir que los mexicanos estamos condenados a ser infelices, pues nuestros anales históricos conforman ya una cantidad más que respetable. Si los códices prehispánicos no hubieran sido destruidos sistemáticamente y se pudieran añadir a lo publicado sobre México desde el siglo XVI, se requeriría una auténtica megabiblioteca para albergarlos.<br />
Afortunadamente, lo afirmado por Carlyle en torno al registro del pasado de un pueblo fue sólo el desahogo ingenioso de un historiador. En la realidad, nuestra felicidad colectiva puede depender de muchas cosas, pero nunca de olvidar nuestro pasado. La tarea de crear, ensanchar y ahondar en la memoria colectiva es un esfuerzo intelectual complejo, indispensable e insustituible para mantener la identidad nacional; conocer el pasado es parte de la explicación del presente y un elemento esencial para enfrentar el futuro.</p>
<p><span id="more-333"></span></p>
<p>Visión general</p>
<p>Una porción del trabajo de los historiadores consiste en la investigación minuciosa de temas muy puntuales y que tienen como destino a otros especialistas. Otra parte es la elaboración de interpretaciones generales que asimilan los innumerables trabajos de expertos para ofrecer esa &#8220;gran visión&#8221; tan necesaria para la construcción de la conciencia ciudadana. Para llegar a la generalización o reducción inteligente y educada es necesario que antes se haya sido capaz de dominar la investigación especializada y a profundidad. Ése es el caso de Enrique Florescano que, junto con Francisco Eissa, acaba de publicar un Atlas histórico de México (Aguilar, 2008), de una concepción inteligente, de diseño e impresión de gran calidad y una eficacia contundente.</p>
<p>Importancia</p>
<p>Al discutir el surgimiento del sentimiento nacionalista contemporáneo, Benedict Anderson, en su influyente Imagined Communities (3a. ed., 1991), resalta la necesidad que los colonialistas occidentales tuvieron de reproducir masivamente mapas y otros documentos gráficos de sus dominios y que éstos terminaron por ser instrumentos al servicio de los nacionalistas y anticolonialistas, pues a ojos de los sometidos esos documentos hicieron &#8220;real&#8221; el contorno y las características de una comunidad que hasta entonces no habían imaginado y fue un paso en la construcción de las nuevas naciones. Los atlas son desde entonces, y entre otras cosas, instrumentos esenciales para fijar la idea de la nación o la patria y su complejidad social, económica, política y cultural, pues la experiencia individual nunca podrá abarcar todo lo que la imaginación educada sí puede.</p>
<p>En la obra de Florescano y Eissa, el lector tiene la posibilidad de hacer un recorrido de miles de años por lo que hoy es México a través de 267 páginas ricamente ilustradas y cobrar conciencia de los procesos de cambio físico y social de lo que hoy es nuestro país. Este viaje a través de mapas y estadísticas, dibujos, grabados, pinturas, fotografías y, desde luego, textos -aquí la imagen sólo cobra pleno sentido en compañía de la palabra-, lleva a quien se adentre en el Atlas, desde las etapas de la formación geológica continental hasta el México actual, pasando por un centenar de temas de naturaleza básicamente social.</p>
<p>Lo social es el meollo de la obra y abarca desde culturas prehispánicas hasta migraciones actuales, del proceso de la conquista europea a la infraestructura de riego de la agricultura actual, de la configuración de la administración colonial al mapa electoral vigente, del desarrollo regional de la guerra de independencia a la red carretera presente, de la notable extensión física del I Imperio a la contracción que significó la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo en 1848 o de la traza colonial de la Ciudad de México a la que tiene hoy.</p>
<p>Interpretación</p>
<p>En el siglo XIX, otro gran historiador y contemporáneo de Carlyle, el alemán Leopold von Ranke, consideró posible escribir una historia que no juzgara ni pretendiera instruir al presente sobre la naturaleza del futuro sino que sólo &#8220;contara lo que pasó&#8221;. Sin embargo, esa historia &#8220;objetiva&#8221; no existe, ni ha existido. Nadie puede reconstruir a plenitud y con exactitud lo que sucedió -son tantas las variables que intervienen en el drama colectivo, que es imposible identificarlas a todas y darles su valor exacto-, ni historiador alguno puede evitar que sus valores e intereses influyan en sus temas y enfoques. Así pues, no hay historia inocente, pero el buen historiador está obligado a intentar ese imposible que es la objetividad y este Atlas histórico de México lo intenta, y en ese empeño está uno de sus valores.</p>
<p>La forma y el fondo</p>
<p>El mapa, la fotografía, el dibujo o la pintura unidos por el texto son la forma. En este caso el texto central es breve pero sustantivo. Las cifras y las estadísticas -condensación cuantitativa de lo cualitativo- son abundantes y numerosos los recuadros sobre temas puntuales, incluso anecdóticos, que funcionan como la sal y pimienta de la gran visión: cómo surgió el maíz, la concepción de la mujer en la Colonia, la breve biografía de Francisco Zarco en el siglo XIX o cómo y cuándo apareció el cuarto de baño en las casas particulares de los &#8220;pudientes&#8221; en el Porfiriato, por ejemplo.</p>
<p>Si la forma del Atlas es irreprochable, el fondo es aristotélico: busca el justo medio entre los enfoques conservadores y los radicales. En el México prehispánico privilegia las &#8220;altas culturas&#8221;, de los olmecas a los aztecas, pasando por mayas, teotihuacanos, tarascos, etcétera, y deja en claro lo mucho que aún no se sabe y debe investigarse sobre nuestros orígenes. La conquista se aborda de forma ortodoxa y por ello casi no toca el enorme drama que debió significar para una civilización original y absolutamente devota a sus dioses, la magnitud de su caída. En contraste, la larga época colonial se presenta con un alto grado de complejidad: la nunca concluida conquista del norte, las rebeliones indígenas, los laberintos de la administración civil y religiosa, las diferentes estructuras económicas, el comercio exterior, etcétera. El énfasis de los autores en la vida urbana en una sociedad que fue fundamentalmente rural lleva a echar de menos a la Nueva España de la mayoría: la de los pueblos y las comunidades indígenas.<br />
La lucha que estalló en 1810 cuenta con suficientes datos y mapas de las campañas como para seguirlas puntualmente pero también para definirlas como un conflicto que realmente fue significativo sólo en el centro de lo que en poco tiempo empezaría a ser México. Y en ese primer México -el del siglo XIX- los autores nos dicen e ilustran bastante los efectos de los conflictos de la nueva nación con el exterior, aunque no dicen mucho sobre uno de sus protagonistas centrales: el Ejército.<br />
Donde se descarga el peso de esta historia es en ese periodo donde ya hay el inicio de la conjunción entre Estado y nación: el Porfiriato. Es ahí donde el Atlas recrea mejor la complejidad política, económica, social y cultural de su objeto. La Revolución Mexicana tiene un espacio similar al de la independencia y los autores la toman de 1910 hasta los 1930; casi todos los temas centrales están tratados -las grandes contradicciones sociales y luchas-, pero se echa de menos el contexto externo. Un lector desprevenido no se percataría de que el campo de maniobra de ese México ya estaba muy limitado por la transformación del país vecino del norte en una gran potencia imperial.</p>
<p>Para Florescano y Eissa, la Revolución Mexicana termina y se inicia el México moderno con el cardenismo. Sin embargo, ese singular momento de la izquierda mexicana se resume apenas en una página y en los márgenes de otra. La expropiación petrolera recibe dos menciones con un total de 34 palabras. Aquí hay un ejemplo de interpretación sujeta a debate de nuestra historia. Obviamente, es el México moderno el que ocupa el espacio mayor con abundancia de cifras, mapas y gráficas, todas pertinentes. En lo actual, el énfasis está en lo social y en lo económico. Lo político aparece como trasfondo y temas tan álgidos como justicia, crimen, inseguridad o narcotráfico quedaron fuera.</p>
<p>En suma</p>
<p>No hay historia inocente y menos en épocas tan crispadas y polarizadas como la nuestra, pero hay mucha historia. Y esta última sólo puede ser accesible y útil para la mayoría si está bien narrada, documentada e ilustrada, como es el caso de este magnifico Atlas histórico de México de Florescano y Eissa.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.enriqueflorescano.com/una-historia-de-nuestra-historia-lorenzo-meyer/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Atlas histórico de México, José Woldenberg</title>
		<link>http://www.enriqueflorescano.com/atlas-historico-de-mexico-jose-woldenberg/</link>
		<comments>http://www.enriqueflorescano.com/atlas-historico-de-mexico-jose-woldenberg/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 01 Jan 2009 19:30:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tiendaenrenta.com.mx/proyectos/florescano/?p=344</guid>
		<description><![CDATA[Atlas histórico de México  José Woldenberg 1 Ene. 2009   Conjugar la historia y la geografía no es algo nuevo. No obstante, resulta pertinente e interesante. La historia para recuperar y recrear la memoria y la geografía para ubicarla en un territorio determinado. Ambas disciplinas ofrecen mucho al conocimiento. Sin ellas la vida y la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Atlas histórico de México <br />
José Woldenberg<br />
1 Ene. 2009<br />
 <br />
Conjugar la historia y la geografía no es algo nuevo. No obstante, resulta pertinente e interesante. La historia para recuperar y recrear la memoria y la geografía para ubicarla en un territorio determinado. Ambas disciplinas ofrecen mucho al conocimiento. Sin ellas la vida y la experiencia se angostan y pierden densidad. Y ambas, aunque muy anteriores a la Ilustración, recibieron un enorme impulso de este más que potente movimiento intelectual, que intentó poner en el centro las explicaciones racionales de los fenómenos sociales.</p>
<p>Enrique Florescano y Francisco Eissa acaban de publicar el Atlas histórico de México (Aguilar. México. 2008. 267 pags.), consistente en una serie de mapas sucesivos que combinan ambas dimensiones: la historia y la geografía. Desde la &#8220;formación y características físicas del territorio nacional&#8221; hasta el &#8220;México moderno&#8221;, pasando por la &#8220;época prehispánica&#8221;, &#8220;la conquista&#8221;, &#8220;el Virreinato&#8221;, &#8220;La guerra de Independencia&#8221;, el siglo XIX y &#8220;La Revolución Mexicana&#8221;.</p>
<p><span id="more-344"></span></p>
<p>Retoman la tradición inaugurada en nuestro país por Antonio García Cubas que hace 150 años (en 1858) publicó el primer atlas histórico de la República Mexicana. Se trata de un esfuerzo pedagógico sistemático y muy bien logrado que acercará al eventual lector o veedor a una historia panorámica de nuestro país y a los territorios fundamentales en los que ha transcurrido.<br />
En la &#8220;advertencia&#8221; que abre el libro, Enrique Florescano lo piensa como una herramienta. Y en efecto, se trata de una herramienta para la enseñanza, para el aprendizaje. Para un acercamiento primero, informado, general. Es y puede ser un auxiliar para los docentes y un libro de consulta para alumnos de los niveles medios de educación. Pero también para los lectores: esa especie que algunos piensan en extinción y que sin embargo suma legiones, que buscan en los libros como éste lo que no pueden encontrar en ningún otro medio: conocimiento sistematizado, necesario y fundamental.</p>
<p>El Atlas es una especie de síntesis del conocimiento historiográfico mexicano actualizado. Y eso lo lograron un historiador profesional y riguroso como Florescano y un joven investigador formado en México y el Reino Unido, Eissa. No se encontrarán ocurrencias o especulaciones, sino datos duros, explicaciones concisas, descripciones convincentes. Ante la multiplicación de libros pensados para venderse por una corta temporada, el Atlas será duradero; ante la proliferación de textos insustanciales, aquí hay otra opción: la diseñada para conocer nuestro pasado. El Atlas es una puerta de entrada cálida e interesante a dos disciplinas imprescindibles para responder a las tradicionales preguntas: ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos?</p>
<p>Para los que piensan que cualquier esfuerzo de difusión de los conocimientos está condenado a derivar en textos farragosos, aburridos o primitivos, el esfuerzo de Florescano y Eissa es un rotundo desmentido. Su prosa ágil y sencilla (que no simple), los apoyos iconográficos, y el cúmulo de saberes concentrados, lo hacen un texto encantador, en el doble sentido de la palabra, seductor e hipnotizante. Uno puede ojearlo u hojearlo por cualquiera de sus capítulos, pero no se arrepentirá quien lo lea de principio a fin. Al terminar tendrá un mural -a grandes trazos- de la historia de nuestra nación.</p>
<p>No pretende ser y no puede ser un trabajo exhaustivo. Y los especialistas encontrarán lagunas y temas que no son abordados. Pero la intención del Atlas es funcionar como una puerta de entrada para estudiantes y lectores, y no como un material para expertos.<br />
Hay quien dice que las escuelas se están secando. Que en las aulas se transmite un conocimiento osificado, mientras en las calles y a través de los medios masivos de comunicación, los niños y jóvenes reciben información más interesante y actualizada. Pues bien, los salones de clase pueden volver a cargarse de vitalidad con materiales de apoyo como el que comentamos. Libros que despierten el apetito e incluso el entusiasmo por conocer, por saber más.</p>
<p>El libro además tiene otras cualidades: un diseño claro y bello a cargo de Gerardo Mendiola; mapas y fotografías excepcionales; reproducciones elocuentes; y anotaciones curiosas que hacen agradable y hasta divertida su lectura. Un botón de muestra: en el capítulo sobre la &#8220;expansión de los mexicas&#8221; podemos leer: &#8220;Para evitar los malos olores producidos por la práctica constante de los sacrificios humanos, y otros aromas desagradables de la ciudad, los nobles de México y algunas otras localidades nahuas desarrollaron la costumbre de llevar consigo un ramillete de flores (a veces dos, uno en cada mano). Sentados en sus reuniones y caminando por las calles y plazas, los nobles se acercaban a la nariz este bouquet, que inhalaban con gusto&#8221; (se trata de un apunte extraído de un capítulo de Pablo Escalante Gonzalbo).</p>
<p>Francisco Eissa, cuyos afanes se centran en la historia institucional y del pensamiento político en el mundo hispánico de finales del siglo XVII a mediados del XIX, realizó, en lo fundamental, el capítulo del México moderno. Enrique Florescano, por su parte, es un promotor cultural único. Y no creo exagerar. Su capacidad para inventar proyectos, convocar autores, multiplicar apoyos es reconocida por propios y extraños. Pero además, es la calidad de los eventos y obras que promueve lo que lo convierte en una especie de mini Secretaría de Difusión de los Conocimientos Científicos. De cara a las mil y una burocracias improductivas que se reproducen en México, Florescano nos ilustra que con imaginación, talento y un mínimo de recursos se pueden realizar obras trascendentes. El Atlas es una de ellas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.enriqueflorescano.com/atlas-historico-de-mexico-jose-woldenberg/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

